viernes, 16 de agosto de 2013

El agua en el México Antiguo



Al principio la lluvia

En el comienzo, en un minúsculo punto del infinito espacio y en el etéreo y caliente paisaje, se desarrolla la magnífica y maravillosa escena de la formación de nuestro planeta, la tierra.
De su enfriamiento paulatino y del vapor de agua condensado de su atmósfera cayeron por fin las primeras gotas de lluvia que formarían el espejo de nuestro planeta con sus lagos, lagunas, ríos, mares y océanos.
En el inmenso paisaje del agua madre, los elementos primordiales de la vida estaban presentes y sujetos a una gran actividad que, ansiosa, esperaba entrar en acción. Las poderosas tormentas eléctricas anunciaban la magnífica escena que iba a suscitarse.
En la atmósfera húmeda de la tierra y en el líquido primitivo se dio la vida al combinarse los elementos fundamentales con el agua. Allí se juntaron los elementos más importantes para la vida, que se separaban en pequeñas gotas que flotaban en el agua.
El planeta de agua
El elemento sustancial de la vida es el agua. No hay ser vivo que pueda prescindir de ella o que no la contenga dentro de su cuerpo.
El agua ha hecho posible la vida en la tierra, brindándonos la oportunidad de la existencia en un planeta único, en el que, a diferencia de los del resto del sistema solar, se conoce la maravilla del agua en su forma líquida.
El nahual del agua

El agua es la sangre de la tierra, que se encuentra en constante movimiento. Algunas veces líquido, otras, cristal y algunas veces vapor, se eleva a los cielos con ayuda del astro rey.
El agua, como pensaban muchas de las culturas prehispánicas mexicanas, es la serpiente transportada por los vientos, capaz de llegar a las profundidades de la tierra y volver a salir para tocar el cielo o verterse en manantiales y cauces, lagos ríos y mares, en la continuación de su importante misión sobre la tierra.


El agua, expresión de la vida en México

Del desierto a la selva tropical
El agua es la expresión de la abundancia vegetal y, cuando se encuentra en suelo fértil, torna de verde vida el paisaje de nuestras tierras mexicanas.
En México encontramos una de las más notables variedades de vegetación de nuestro planeta. Múltiples factores contribuyen a conformar esta riqueza: la exclusividad de ambientes que proporcionan las numerosas serranías, volcanes y montañas; la diversidad de sus suelos y temperaturas y, por supuesto, las diferencias en la cantidad de agua que reciben, han hecho posible el tapiz multicolor de nuestra geografía.
Si hiciéramos un recorrido aéreo por nuestro país, observaríamos un asombroso contraste de vegetación, desde los desiertos, hasta la exuberante selva tropical siempre verde. Pasando por montañas, pastizales, bosques templados de pinos y encinos.
Aún los desiertos, que reciben tan escaza el agua y se cree son regiones arenosas carentes de vida, tienen una gran diversidad de plantas y animales.

Los hombres de agua
El hombre es agua en movimiento, ya que aproximadamente el 75 por ciento de su cuerpo es agua. El agua sirve de transporte para los nutrientes y los desechos; lubrica articulaciones y refresca nuestro cuerpo, entre otras tantas acciones esenciales.
El hombre ha tenido que desarrollarse cerca de cuerpos de agua, construyendo muchas veces increíbles sistemas de riego y de control de la misma.
El agua en el desarrollo de los pueblos indígenas
Es en gran parte debido a la gran diversidad de la naturaleza de nuestro país, que de manera maravillosa, se gestó la sombrosa variedad cultural característica de México.
Cada cultura significó una adaptación y un manejo diferente de los recursos naturales que la rodean y en ella ha sobresalido la relación del hombre con el precioso líquido de la vida.

Entre Ríos, lagos, mar y lluvia
Una abundosa vegetación tropical y pantanos de las bajas llanuras costeras con cuencas periódicamente inundadas por los ríos cercanos al mar, fue el paisaje siempre verde y cristalino que vio nacer a esta magnífica cultura.
En esta húmeda región encontraron Los olmecas lagunas, pantanos y ríos por doquier, como el Papaloapan, Coatzacoalcos y Tonalá con sus numerosos afluentes. La única excepción al desarrollo de su cultura de llanura fueron las montañas volcánicas de los Tuxtlas, con una altura de seiscientos metros sobre el nivel del mar.

 

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